Semana Santa alicantina

Fecha de origen: 
Principios del siglo XV
Historia: 

 

El inicio de las celebraciones de Semana Santa en la ciudad de Alicante se fecha en los inicios del siglo XV. Probablemente, tuvo que ver en ello la peregrinación por estas tierras que realizó San Vicente Ferrer en 1411.

Las primeras procesiones que se organizaron en Alicante fueron las del Jueves y Viernes Santos. Y así fue durante muchos siglos. La primera cofradía que destaca fue la de la Purísima Sangre de Cristo. Es fundada en una ermita ubicada en el actual Convento de las Madres Agustinas para dar culto a la imagen de la virgen de la Soledad ‘La Marinera’. Los pescadores y marineros le rogaban protección, sobre todo para no caer en manos de los piratas.

Van surgiendo también a lo largo de los años otras cofradías destacables, como la de San Jayme y Andrés, San Pedro, Verónica, Ecce-Homo o la de la Soledad de Santa María.

A finales del siglo XVIII dejan de celebrarse, ya que se suprimen los gremios y las cofradías por Decreto gubernamental en 1873.

Tras unos años de parón, de nuevo vuelve a celebrarse a partir de 1819, aunque tan solo la procesión del Viernes Santo. Se recuperan algunas antiguas cofradías, e incluso se fundan nuevas. También se le da un carácter más social a la Semana Santa, organizando incluso las cofradías periódicas comidas para los pobres. Destacó la gran labor de cara a los más necesitados de la cofradía Mayodormía de la Samaritana.

Surgen algunas tradiciones en estos años, como la participación de romanos o la iluminación de los balcones al paso de las procesiones. Algunas de estas tradiciones se perdieron con el paso de los años.

La única procesión del Viernes Santa recuperó todo su esplendor y vigor. Llegaron a participar incluso 17 pasos algunos años. Se organizaba por el Casco Antiguo, como siempre, partiendo de  Santa María y finalizando en la calle Mayor.

Hacia finales del siglo XIX se puso de moda los hábitos blancos, negros, morados o castaños en forma de cola y con gorras y tubantes.

Dado el éxito de la procesión, a principios del siglo XX se recuperó la del Jueves Santo (olvidada desde hacía más de un siglo) e incluso se organizaron más en otros días de la Semana Santa.

Destaca a partir de 1924 la fundación del la llamada Procesión del Silencio, en la que solo el sonido de los tambores y timbales rompe el silencio de los costaleros, vestidos de forma austera  con  trajes a modo de sacos de asprillera.

Sin embargo, tras la proclamación de la Segunda República la Semana Santa fue de nuevo suspendida, esta vez por orden del Gobernador Civil. Tras el fin de la Guerra Civil el nuevo alcalde Ambrosio Luciáñez solicitó la restitución de las procesiones, que fue admitida.

Dado a que la mayoría de las hermandades y cofradías habían dejado de funcionar, así como se habían destruido muchas imágenes, prácticamente se tuvo que empezar de cero.

Se organizan vía crucis, triduos y novenas, e incluso se recupera la tradición de la visita a los sagrarios de las mujeres con la peineta y de los hombres con traje oscuro durante el Jueves y el Viernes Santo.

La procesión del Jueves Santo solo contó con un paso, el de Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que partió desde la Catedral de San Nicolás. El Viernes fueron 2, el Santo Sepulcro y la Soledad Marinera.

Con el paso de los años fueron apareciendo nuevas cofradías como La Hermandad de Ntro. Padre Jesús, la Cofradía Sacramental del Cristo del Divino Amor y Virgen de la Soledad (con origen y raíces en el siglo XV), la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores y San Juan de la Palma (con antecedentes en el siglo XIX) o la Hermandad de Ntra. Sra. de la Corona de Espinas (denominada años más tarde Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder y Ntra. Sra. de la Esperanza).

A partir de 1942 se organizó también la procesión “de la burrita” o “de las palmas” del Domingo de Ramos y su tradicional pregón (que desde hace años es siempre dado por alguna persona cercana a la Diputación).

En el 45 se fundó la que, a día de hoy, es seguramente la procesión más característica de la Semana Santa alicantina, la del barrio de Santa Cruz. Destaca en esta procesión que los costaleros deben de recorres las escaleras y las empinadas calles del barrio de Santa Cruz portando los pesados pasos, y todo ello bien entrada ya la noche. También que el último paso “El Descendimiento” es sacado sin la parte superior de la cruz, debido a la estrechez de la ermita de Santa Cruz.

A finales de los 40 también estaban de nuevo en funcionamiento las hermandades venidas de antaño Santa Cruz, San Pedro, Flagelación, Ecce-Homo, Oración en el Huerto o Santa Cena. También se crearon muchas nuevas, como la Hermandad del Perdón, Hallazgo, Mater Desolata o Jesús Despojado de sus Vestiduras.

Desde entonces la Semana Santa cada vez ha adquirido mayor protagonismo y esplendor en Alicante. Los días de procesiones se multiplicaron desde el Domingo de Ramos, pasando por el Lunes Santo, el Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, hasta el Domingo de Resurección.

En 1956 se instaura la procesión de la Hermandad del Perdón, uno de los momentos más destacados de las fiestas.

Desde 1996 se produce el encuentro entre el paso del Cristo Resucitado y la Virgen de la Alegría en la plaza del Ayuntamiento donde los alicantinos presentes lanzan miles de estampas aleluyas al aire. El manto de la Virgen está hecho de flores que cambia de diseño cada año, y ambos pasos son llevados por el Casco Antiguo y la Explanada por costaleros de todas las hermandades.

La Semana Santa es una de las tradiciones más longevas de la ciudad de Alicante. Ha ido evolucionando a lo largo de los siglos, e incorporando continuamente nuevas costumbre y tradiciones. Un ejemplo de ello es la antigua tradición de los nazarenos de dar comida, que con el paso de los años evolucionó a dar caramelos a los niños. Cada año son más los turistas y visitantes que vienen a la ciudad para vivir la peculiar pascua alicantina.

 

FUENTE:

- http://www.semanasanta-alicante.com/

 


         

 

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