Convento de las Monjas de la Sangre
La orden religiosa
de la Compañía de Jesús (los jesuitas) se instalaron en Alicante hacia principios del siglo XVII y abrieron una escuela junto a la ermita de Nuestra Señora de la Esperanza que estaba en la calle Maldonado. En 1670 dicha ermita fue derribada para construir una iglesia mayor. Con el paso de los años dicho inmueble se les fue quedando pequeño, por lo que comenzaron a ahorrar dinero para construir un nuevo colegio que albergara también bachillerato.
El estallido de la Guerra de Sucesión retrasó estas pretensiones ya que las tropas austracistas saquearon sus pertenencias durante su ocupación de Alicante. Al términar la guerra trataron de reimpulsar su proyecto pidiendo donaciones, y encontraron sobre todo en el terrateniente Pedro Burguño a su principal benefactor.
En 1725 pudieron iniciar las obras del nuevo edificio ubicado en el mismo solar, cuando Antonio Rotlá era el patrono del colegio. Para realizar la construcción se utilizaron sillares procedentes de la cantera de San Julián, en la Serra Grossa. En 1732 se pararon las obras indefinidamente por falta de fondos, pero el nuevo edificio ya comenzó a funcionar como Real Colegio de los Jesuitas.
La situación política de los jesuitas se agravó en España, hasta el punto de que en 1767 fueron expulsados del país por orden del rey Carlos III y todos sus bienes fueron incautados.
En 1769 se utilizó el antiguo colegio de los jesuitas para hospedar aquí a los 300 genoveses que fueron rescatados de la isla tunecina de Tabarka. Residieron aquí durante un año hasta que sus nuevas viviendas familiares en la isla alicantina de Nueva Tabarca fueron construidas y pudieron trasladarse.
Tras la reubicación de los tabarquinos, las Monjas Agustinas de la Sangre pidieron trasladarse al edificio ya que su antiguo convento (data de 1606) ubicado a apenas unos pocos metros de distancia se encontraba en un estado bastante ruinoso. El inmueble todavía estaba a medio construir, por lo que antes tuvieron que realizarse algunas obras antes de su traslado.
En 1790 las monjas agustinas ya pudieron mudarse al edificio que pasó a denominarse oficialmente como Convento de la Preciosísima Sangre de Cristo, aunque popularmente en Alicante fue conocido como Convento de las Monjas de la Sangre. A partir de entonces la calle a la que miraba la puerta de entrada fue conocida como la calle de las Monjas.
Las obras no culminaron totalmente hasta 1804 cuando fue restaurada la capilla. No obstante, cabe señalar que finalmente se realizaron varios cambios arquitectónicos en el edificio respecto al proyecto original que habían planteado los jesuitas décadas atrás.
Durante la Guerra de la Independencia el Convento acogió provisionalmente también a las monjas clarisas y a la reliquia de la Santa Faz. Esto se debió a que el ejército español incautó el Monasterio de Santa Faz en agosto de 1812 para convertirlo en un cuartel defensivo ante un posible nuevo intento de invasión por parte de las tropas napoleónicas a Alicante y su huerta. Finalmente cuando España ganó dicha guerra, las clarisas y la Santa Faz pudieron regresar a su lugar original.
Con motivo del bombardeo marítimo cantonalista que sufrió Alicante en 1873 el Convento de las Monjas de la Sangre se convirtió brevemente en un hospital de heridos, y las monjas realizaron labores de enfermeras.
En mayo de 1931 fue uno de los edificios asaltados en Alicante durante la quema de conventos que se produjo a nivel nacional. Todas las monjas agustinas escaparon cuando llegaron los asaltantes, salvo una anciana llamada Mariana Jover que estaba ciega y bastante sorda. Durante algunos días se creyó que había sido asesinada, hasta que sus propios familiares acudieron a la prensa de la época para informar que estaba a salvo residiendo con su hermana. Más allá de esta anécdota, el edificio sufrió varios daños graves. Especialmente la capilla, dado que los altares y la talla de la Virgen de la Soledad fueron destruidos.
En 1936 las monjas tuvieron que abandonar el convento una vez tras estallar la Guerra Civil, ya que fue incautado por el Gobierno de la República y reconvertido en sede de una checa.
Tras la guerra, el edificio recuperó su función de convento. Desde 1942 albergaría dos importantes imágenes de la Semana Santa alicantina: La reconstruida Virgen de la Soledad y el Cristo del Divino Amor.
En 1943 varias cristaleras así como parte del techo del Convento de las Monjas de la Sangre fueron destruidas debido a la onda expansiva de la explosión que se produjo en la cercana Armería 'el Gato'.
En 2005 fue rehabilitado gran parte del edificio, así como se le reconoció como Bien de Interés Cultural por parte de la Generalitat Valenciana.
En 2019 las monjas agustinas se trasladaron el convento para trasladarse al Monasterio de la Santa Faz al convertirse en las nuevas custodiadoras de la reliquia, dado que las monjas clarisas lo abandonaron. Desde entonces el edificio ha perdido su función religiosa y es utilizado como comedor social por el Centro de Atención para personas sin hogar San Agustín.
FUENTE:
- Wikipedia
